jueves, 31 de octubre de 2013

De miedo

¡Feliz Halloween! Les comparto esto que encontré en Internet y me gustó bastante.

Espiando desde la ventana
Mauricio odiaba el apartamento donde vivía. Estaba ubicado en el tercer piso de un edificio, y desde la ventana del cuarto de Mauricio se veía casi todo el terreno de un cementerio.
Desde que su familia se mudó a ese apartamento sus noches ya no tuvieron paz, y como la curiosidad es algo muy fuerte y a veces es insana, algunas noches espiaba hacia el cementerio, y casi siempre creía ver algo que se movía entre los panteones, y después del susto se metía en la cama y se tapaba hasta los ojos.
Con el tiempo aquellos sustos se volvieron adictivos, y pasaron a ser lo más importante de su día.
Aunque las noches estuvieran oscuras algo de la luz de la calle sobrepasaba el muro y mostraba una parte del cementerio. Las noches de luna los mármoles del campo santo reflejaban parte de los rayos lunares, y una bruma que siempre estaba suspendida sobre el suelo parecía encenderse.
Un día Mauricio reveló a su abuela lo que hacía, creyendo que ella era la mejor confidente, pero esta enseguida pareció asustarse, y mientras se santiguaba le dijo:
- No vuelvas a hacer eso. Puede que sin querer perturbes a alguien, aunque Dios no lo quiera…
- ¿Y qué me puede pasar?
- No sé, no quiero ni imaginarme, pero no lo hagas más. Tienes que prometérmelo.
- Está bien, abuela.
Mas la noche siguiente volvió a espiar hacia el cementerio. La bruma que siempre emanaba del lugar estaba más espesa, se había elevado más, y súbitamente aparecieron en ella unas figuras borrosas que avanzaban hacia el muro. Mauricio cerró la persiana y se llevó las manos al pecho. El corazón le latía desbocado. Cuando fue a meterse en la cama, escuchó que detrás de él la persiana se abría completamente, y al voltear, el terror le arrancó un grito que hizo que sus padres se despertaran sobresaltados. Un grupo de apariciones espeluznantes se amontonaban en la ventana, y con la cara recostada al vidrio lo miraban con malicia.
Cuando sus padres irrumpieron en el cuarto en la ventana no había nada. Le preguntaron qué había pasado, pero Mauricio no les contestó; estaba mudo de miedo. Y así quedó, porque después ya no volvió a hablar, y no pudo contar que desde esa experiencia aterradora empezaron a espiarlo todas las noches, y que unas siluetas decrépitas cruzaban levitando frente a la ventana.
Cuento de Jorge Leal de Cuentos de terror cortos

Something creepy
Y... un susto más.

1 comentario:

  1. Esa imagen da miedo para muchos días, jajajaja, menos mal que halloween sólo dura una noche ;o)
    Besotes corriendo.

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